Parpadeo volviendo en si, en mitad de un suspiro que fue casi una queja. Sin duda hay unas reglas para todo esto, aventuraba. Reglas que yo no conozco y ella si. O tal vez reglas que ella misma establece. Y tal vez incluyan que el momento de seguir adelante o largarse sea este.Estaba tan confuso que echo a andar hacia la glorieta mas cercana y después subió despacio por la calle, y en el primer bar abierto que se le puso a tiro estuvo quieto en la barra mirando la bebida que había pedido, sin tocarla. El bar era una vieja tasca con un televisor encendido y fotos del Levante en la pared. No había nadie mas que el camarero, un hombre flaco tatuado en el dorso de la mano, a quien la camisa de lamparones daba un aspecto infame mientras barría con aire despectivo el serrín del suelo, lleno de servilletas arrugadas y cáscaras de gambas. El chico tenia delante un espejo de publicidad de San Miguel, y su cara se reflejaba entre la lista de tapas y raciones escritas encima con letras blancas. Veía sus ojos exactamente entre las palabras magro con tomate y pulpo a la vinagreta, lo que tampoco era para levantarle el animo a nadie. Lo estudiaban con desconfianza, interrogándolo sobre los pasos que pensaba dar en las próximas horas.
-Quiero acostarme con ella- le dijo al camarero
-Todos queremos eso- respondió el otro, filosófico, sin dejar de barrer.
El chico asintió y por fin se levo el vaso a los labios. Bebió un poco, volvió a mirarse al espejo e hizo una mueca.
-El problema es que no juega limpio
-Nunca lo hacen
-Pero es guapísima. La muy perra.
-Todas los son.
El camarero había dejado la escoba en un rincón, y de vuelta tras la barra se servia una cerveza. El chico lo vio beber despacio, medio vaso sin respirar y luego se puso a contemplar las fotos del Levante, hasta terminar en el cartel de una corrida de toros. Se desabrocho la chaqueta y metió las manos en los bolsillos del pantalón. Extrajo unas monedas, alineándolas sobre el mostrador y jugo a conducir una entre dos sin mover una ni tocar la otra.
-Estoy metiéndome en un lió.
Esta vez el camarero no respondió en seguida. Observaba la espuma de la cerveza en el borde de su vaso.
-Igual ella vale la pena- dijo al cabo de un instante
-Todavía no lo se- respondió- Hay drogas de por medio, y me parece que hasta hay malos, como en las películas.
El otro lo miro por primera vez. Parecía levemente interesado.
-¿Peligrosos?
- No tengo ni puta idea
Estuvieron callados mas rato. Siguió jugando y bebió un par de sorbos mientras el camarero terminaba su caña. Después saco un paquete de cigarrillos y se puso a fumar sin ofrecerle al chico.
-Me parece- dijo el chico- que voy a seguir con esto.
El camarero asintió despacio y no dijo nada. Entonces el chico dejo dos monedas en el mostrador, guardo el resto y salio a la calle
-Igual ella vale la pena- dijo al cabo de un instante

-Todavía no lo se- respondió- Hay drogas de por medio, y me parece que hasta hay malos, como en las películas.
El otro lo miro por primera vez. Parecía levemente interesado.
-¿Peligrosos?
- No tengo ni puta idea
Estuvieron callados mas rato. Siguió jugando y bebió un par de sorbos mientras el camarero terminaba su caña. Después saco un paquete de cigarrillos y se puso a fumar sin ofrecerle al chico.
-Me parece- dijo el chico- que voy a seguir con esto.
El camarero asintió despacio y no dijo nada. Entonces el chico dejo dos monedas en el mostrador, guardo el resto y salio a la calle

2 comentarios:
la vida es riesgo....apostar sin saber muy bien donde te metes, pero hay que hacer caso al instinto...él te dará la clave
un kiss C.
Y que aparte, sin riesgo no hay premio.
Un beso Dan.
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