miércoles, 8 de octubre de 2008

Un bar, una cerveza y una mujer

El chico se quedo un rato ante la gasolinera, contemplando las ventanas apagadas del quinto piso. Imagino que ella estaba todavía arriba, observándolo a oscuras, pero no pudo advertir el menor movimiento. Aun permaneció quieto un poco mas, vuelo hacia lo alto, seguro de que ella lo había visto todo, mientras reprimía el impulso de subir de nuevo y pedirle explicaciones. Flis, flas. Dos hostias con el dorso de la mano, ella contra el sofá. Puedo aclarártelo todo y además te amo. Luego lagrimas y un buen polvo. Perdona que te tomara por un imbecil, etcetera. Bla, bla, bla.

Parpadeo volviendo en si, en mitad de un suspiro que fue casi una queja. Sin duda hay unas reglas para todo esto, aventuraba. Reglas que yo no conozco y ella si. O tal vez reglas que ella misma establece. Y tal vez incluyan que el momento de seguir adelante o largarse sea este.
Estaba tan confuso que echo a andar hacia la glorieta mas cercana y después subió despacio por la calle, y en el primer bar abierto que se le puso a tiro estuvo quieto en la barra mirando la bebida que había pedido, sin tocarla. El bar era una vieja tasca con un televisor encendido y fotos del Levante en la pared. No había nadie mas que el camarero, un hombre flaco tatuado en el dorso de la mano, a quien la camisa de lamparones daba un aspecto infame mientras barría con aire despectivo el serrín del suelo, lleno de servilletas arrugadas y cáscaras de gambas. El chico tenia delante un espejo de publicidad de San Miguel, y su cara se reflejaba entre la lista de tapas y raciones escritas encima con letras blancas. Veía sus ojos exactamente entre las palabras magro con tomate y pulpo a la vinagreta, lo que tampoco era para levantarle el animo a nadie. Lo estudiaban con desconfianza, interrogándolo sobre los pasos que pensaba dar en las próximas horas.

-Quiero acostarme con ella- le dijo al camarero
-Todos queremos eso- respondió el otro, filosófico, sin dejar de barrer.

El chico asintió y por fin se levo el vaso a los labios. Bebió un poco, volvió a mirarse al espejo e hizo una mueca.

-El problema es que no juega limpio
-Nunca lo hacen
-Pero es guapísima. La muy perra.
-Todas los son.

El camarero había dejado la escoba en un rincón, y de vuelta tras la barra se servia una cerveza. El chico lo vio beber despacio, medio vaso sin respirar y luego se puso a contemplar las fotos del Levante, hasta terminar en el cartel de una corrida de toros. Se desabrocho la chaqueta y metió las manos en los bolsillos del pantalón. Extrajo unas monedas, alineándolas sobre el mostrador y jugo a conducir una entre dos sin mover una ni tocar la otra.

-Estoy metiéndome en un lió.

Esta vez el camarero no respondió en seguida. Observaba la espuma de la cerveza en el borde de su vaso.

-Igual ella vale la pena- dijo al cabo de un instante
-Todavía no lo se- respondió- Hay drogas de por medio, y me parece que hasta hay malos, como en las películas.

El otro lo miro por primera vez. Parecía levemente interesado.

-¿Peligrosos?
- No tengo ni puta idea

Estuvieron callados mas rato. Siguió jugando y bebió un par de sorbos mientras el camarero terminaba su caña. Después saco un paquete de cigarrillos y se puso a fumar sin ofrecerle al chico.

-Me parece- dijo el chico- que voy a seguir con esto.

El camarero asintió despacio y no dijo nada. Entonces el chico dejo dos monedas en el mostrador, guardo el resto y salio a la calle

2 comentarios:

Danann dijo...

la vida es riesgo....apostar sin saber muy bien donde te metes, pero hay que hacer caso al instinto...él te dará la clave


un kiss C.

C. dijo...

Y que aparte, sin riesgo no hay premio.

Un beso Dan.