lunes, 13 de octubre de 2008

Historia de la mujer


Es un pequeño pueblo. Tiene algo en especial que atrae a la gente. Muchos de los hombres que acaban allí son hombres que huyen de algo. Duermen cuando casi todo el mundo esta despierto, trabajan cuando casi todo el mundo duerme, el resto del dia beben en bares y cobran en efectivo.

Ella llego ese mismo verano. Apareció con un viejo coche y una niña pequeña. Alquilo una casa en las afueras del pueblo y arranco el cartel de “Se necesita camarera” del bar.

El propietario le paga en efectivo. Pero podría pagarle en lingotes de oro si ella quisiera. Desde que apareció el negocio ha crecido un cincuenta por ciento. Y por extraño que parezca hay menos peleas. Por lo general, los hombres de ese bar suelen tener demasiados demonios, y eso les hace irritables, en busca de discusiones que acaben con nudillos. Pero hay algo en ella que los calma.

Y que los previene, también.

Esta en sus ojos, una mirada rápida, dura y fría cuando alguien se pasa de la raya, le toca la muñeca o cuenta un chiste verde sin gracia. Y también esta en su cara, en las arrugas prematuras, en la belleza que perdura, en la sensación de una vida anterior que ha conocido amaneceres más tristes y duros que la mayoría de esos hombres.

Ella lleva una pistola en el bolso. El propietario la vio una vez por casualidad y lo único que le sorprendió es que no le sorprendiera en absoluto. De alguna manera, ya lo sabía. De alguna manera, todo el mundo lo sabe. Nadie la aborda después del trabajo, nadie intenta convencerla para que entre en su coche. Nadie la sigue a casa.

Pero cuando sus ojos ya no tienen esa mirada y el pasado desaparece de su rostro, ella ilumina totalmente la habitación. Cuando se ríe, lo hace con carcajadas profundas y contagiosas, y todos intentan contarle nuevos chistes, más graciosos, para poder escucharla reír de nuevo.

Y también esta la hija. Apenas tiene un par de años. Algunos días, cuando la señora que le alquila el piso no la puede cuidar, la mujer se lleva a la pequeña al bar. Y allí no faltan personas que se ofrezcan a cuidarla. Porque la niña es pura calidez. Una boquilla con dientes de duendecillo sonríe a todo el que se le pone por delante.


Madre e hija se quieren. Basta con solo mirarlo para darse cuenta. A veces, cuando no hay mucho trabajo la madre juega con la hija, ambas se miran a los ojos y la madre la besa entre los ojos. En ese momento, los habituales del bar apartan la mirada. Se sienten intrusos presenciando un amor tan puro. Pequeños, feos, avergonzados. Indignos. El propietario sufre en esos momentos, porque sabe que nunca, nadie, lo ha amado así.

Hace una semana un coche oscuro apareció. Estaba fuera de lugar. Demasiado nuevo. Demasiado caro. Fue el tema de conversación de esa noche en el local. Ese día la mujer no fue a trabajar. Desde entonces nadie las ha vuelto a ver. Dejo un sobre con el dinero que debía del apartamento y se esfumo. Sin despedirse. Solo han pasado 7 días y el pueblo ya no es el mismo. Probablemente nunca vuelva a serlo.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Que hermoso :)
Magico :D

C. dijo...

Gracias ;)

una soñadora utópica dijo...

me ha gustado mucho, me pasaré seguido.

Danann dijo...

Hay gente que deja huella, incluso sin proponerselo

un kiss

C. dijo...

Soñadora, bienvenida.

Dan, hay gente que simplemente es especial.

Un beso!