En cierta ocasión un pequeño grupo de hormigas que estaba fuera del hormiguero buscando comida se encontró con un escarabajo pelotero que se afanaba empujando una bola grande de estiércol por una cuesta arriba. Era época de sequía y las hormigas tenían hambre. Un de ellas se acerco educadamente al escarabajo pelotero y le pregunto si podían ayudarlo a cambio de que compartiera con ellas algo de aquel estiércol delicioso.El escarabajo acepto la oferta enseguida y dejo la pelota de estiércol a las hormigas que, cantando felizmente, la empujaron hasta la cima.“Hemos terminado la tarea y el sol esta bajo en el cielo, dinos donde podemos conseguir algo de estiércol para volver con el a nuestras casas antes de que oscurezca”- dijeron las hormigas.El escarabajo les contesto moviendo la cabeza tristemente “El estiércol esta muy lejos, en un sitio al que no podréis llegar antes de que se haga de noche. Tomad, coged este poquito que os calmara el hambre. Mañana, venid a este mismo ligar antes de que salga el sol y os indicare el camino.
No era mucho, pero suficiente para alimentar a las hormigas durante una noche. "Que escarabajo bondadoso" decían las hormigas.
No era mucho, pero suficiente para alimentar a las hormigas durante una noche. "Que escarabajo bondadoso" decían las hormigas.
“Donde has estado” Le preguntaron
El escarabajo dejo de empujar, y las miro furioso. “Sois perezosas. Vine a este lugar temprano y no estabais. Menos mal que soy paciente y estoy dispuesto a daros una segunda oportunidad. Si empujáis esta bola de estiércol hasta la cima de nuevo, os perdonare.
Entonces las hormigas se disculparon y organizándose en grupos empujaron la bola hasta la cima. Como recompensa, recibieron la misma cantidad de estiércol que la vez anterior, suficiente solo para una noche. El escarabajo les prometió, que sino eran perezosas, les indicaría el camino al día siguiente.
El escarabajo era muy listo, y por muy pronto que se levantasen las hormigas, nunca lo encontraban a tiempo. Así que se veían obligadas a empujar la bola de estiércol a cambio de recibir comida para que sus familias pudieran sobrevivir.
Pronto las hormigas se olvidaron de lo que tenían que hacer para conseguir el alimento por su cuenta y ya no tenían mas medio de alimentar a sus familias que empujar la bola de estiércol ladera arriba y recibir una pequeña porción cada noche.
Paso el tiempo, y ni siquiera ponían en duda la autoridad del escarabajo. El era el propietario del estiércol y las hormigas aceptaban trabajar para el y que les pagase si quería o hiciera pasar hambre a sus familias o impusiera leyes que decían adonde podían ir incluso donde podían vivir. Las viejas leyes y costumbres de las hormigas quedaron abolidas y las hormigas se vieron obligadas a vivir según las leyes del escarabajo.
Las hormigas eran desgraciadas, pero el escarabajo era fuerte y ellas débiles. Además, dependían por completo del escarabajo para sobrevivir.
Como todas las buenas historias, esta tiene un héroe. Un día nació una joven hormiga en la tribu. Fue diferente desde el principio.
“¿Porque no buscar nuestro propio estiércol? ¿Por qué tenemos que trabajar para el escarabajo pelotero? Las hormigas estaban aquí primero, ¿Por qué el escarabajo es el dueño de todo el estiércol?-“preguntaba la joven hormiga.
“Chss- le advertían las hormigas ancianas- El escarabajo te oirá y te llevara a la cárcel”
Pero la joven hormiga era valiente, lista y resulta. Y pronto todas las hormigas jóvenes se agruparon en torno a ella y elaboraron un plan.
Y ocurrió que un día apareció el escarabajo donde las hormigas debían de empujar la bola de estiércol y allí no vio a ninguna. El escarabajo gritó, amenazó y pateó, pero nada de lo que hizo sirvió. Las hormigas habían desaparecido.
Pero el escarabajo era obstinado. Cuando recupero todas sus fuerzas al atardecer, comenzó a empujar. Las jóvenes hormigas observaban como el escarabajo estaba casi en la cima.
“Ahora”grito la joven hormiga” y todas empujaron el estiércol que empezó a descender por la ladera. El escarabajo estaba agotado, pero resistía con fiereza. Era terco y egoísta y no creía que las hormigas fuesen capaces de superarlo.
“Si compartes el estiércol con nosotras a partes iguales, dejaremos de empujar y te ayudaremos a subirla”- grito la joven hormiga
Pero el escarabajo estaba tan acostumbrado a ser el jefe, y a poseer todo el estiércol que no quería compartirlo.
“¡No!” grito desafiante
De modo que las hormigas empujaron mas hasta que la bola comenzó a rodar ladera abajo. El escarabajo, que no quería perderla, continuo aferrado a ella, hasta que por fin juntos rodaron ladera abajo. El escarabajo se rompió el caparazón y se lleno el cuerpo de heridas. Aun así, siguió sin soltarla, y cuando llego a la base de la colina, fue a estrellarse contra una roca enorme. El escarabajo quedó enterrado en una montaña de estiércol, pero como estaba demasiado débil herido para salir de el, murió ahogado en mierda.

No hay comentarios:
Publicar un comentario