martes, 3 de febrero de 2009

Sobre la mirada de un perro

Bajaba del 9, recien llegado de una sesion de biblioteca. Me abrochaba la chaqueta, que el viento venia frio de cojones, mientras en el MP3 Sabina cantaba algo de un delirio de alcohol y de mil noches en pena. Iba por la calle vacia, eran las 14.30 mas o menos y la gente tenia cosas mejores que hacer. A la que me sale al paso un peludo compañero, sin correa, sin amo y sin nada mas que su perra vida cargada a la espalda. Pequeño, negro y feo, vamos de los mios, asique me da por ir a acariciarle el lomo. Me ha costado lo suyo. Este chico se ha llevado varios palos, me digo. Pero una vez conseguido, se ha quedado quieto, mirandome a los ojos y moviendo el rabo, con esa cara de tonto que se les queda a los perros cuando disfrutan. Ha sonado el movil: "Carlos, ¿donde coño andas? la comida se enfria, date prisa" corto y cambio. Asique me he levantado, le he dado un capon entre las orejas, y hasta la proxima compañerp, y he seguido andando. El jodio, ha venido detras, a una distancia prudencial, como si no quisiera molestar, haciendose el loco, como si el hecho de que fuesemos por el mismo camino fuese solo pura casualidad. Menudo cabronazo. Asique nada, al llegar al portal, le he dicho que viniera. "Hasta aque hemos llegado chico, ahora a mi me toca subir y a ti seguir buscandote la vida" y el mirandome con esa sonrisa, sin entender media palabra. Le he rascado un poco mas y me he metido. Y el, gimiendo y mirando la puerta, se ha quedado ahi, como si no pudiese creer una traicion asi, la traicion del nuevo compañero encontrado en medio de la aventura y que esperas que este a tu lado hasta el final, pero cuando te das cuenta te ha dado esquinazo. Y es que esta clase de cosas solo las hacemos los humanos. Los perros son demasiado buenos para hacerlo.

Y uno sabe lo que habla, siempre habia algun perro rondando mi vida. Especialmente tres. Nochera entonces, Beltxa despues y Jara ahora. Y es que no hay nada como llegar a casa, cansado, reventado de aguantar la mierda que te ha traido el dia, y que nada mas abrir la puerta te salgan a recibir, enloquecidos de entusiasmo, moviendo el rabo y gimiendo complacido, a frotarse entre sus piernas y a dar saltos para que le acaricies. O quedarse ahi, quieto y silencioso, mirando con sus ojos oscuros y fieles, pendiente de una voz o una caricia. Incluso cuando habia alguna perra en celo o su institno de libertad lo llamaban lejos, siempre volvia (aunque siempre estaba el gilipollas de turno, haciendo los 100 metros lisos para cazarlo antes de que se lo llevase un coche) fatigado y cansado, con la cola entre las piernas, porque sabe que le espera una buena, dispuesto a llevarse lo suyo, mirandote con esos ojos que te desarman. Y dime tu cuantos humanos hacen eso, vovler a saber que les espera la de dios. Todos huimos. Y cuando llego aquel primer dia, y la Nochera, esa perra parda a la que tanto puteaban tres primos hiperactivos, tuvo que irse, invalida de las patas traseras, mi abuelo, hecho polvo, cogio entre sus manos la cabeza de su compañera durante doce largos años, y la perra estuvo moviendo el rabo y mirandonos a los ojos hasta el final, llevandose su cara, su sonrisa y sus cinco litros de lagrimas como ultima imagen en esta vida. O cuando ese pequeño diablo negro llamado Beltxa, se largo en busca de perras y jamas volvio, llevandose consigo buena parte de la felicidad que habia en la casa. Y se que cuando le llegue el dia a esta loba, que algunos insisten en llamar Jara, y me toque a mi ocupar el lugar de mi abuelo, lo hare. Porque se lo debo. Pero esa una buena perra, y la echare de menos. Y se que a mi, que no soy de lagrima facil, me hara llorar como lo hicieron los otros dos en su dia.

Asique al lelgar arriba, me he dicho que coño, he cogido el filete frio que habia en el plato y me he bajado los siete pisos saltando las escaleras hasta salir a la calle, buscando a mi pequeña Sombra del camino. Pero ya no estaba, se habia ido. Y espero que alla donde vaya, encuentre una linda perra y muchos huesos con delicioso tuetano. Y ojala, el subnormal que le dio aquel primer palo a este perro o a cualquier otro, se tropezase con su puta sombra y se partiese la crisma, Por hijoputa. Porque ya quisieramos los humanos, un apice de compasion y lealtad de estes chuchos de buen corazon. Y la verdad, podria desaparecer la humanidad entera. Podrian diezmarnos los meteoritos y las guerras, e irnos todos a tomar por culo y el planeta Tierra seguiria girando, mas tranquilo que nunca. Pero cada vez que desaparece un animal silencioso, bueno y leal, como lo fueron mis perros, como lo es este o cualquie otro, este mundo de mierda es menos generoso, menos habitable, menos noble.

2 comentarios:

jonceltic dijo...

Perras que secundan nuestros latidos, perros que esperan que lleguemos hartos para darnos su zarpazo.... no entenderé nunca por qué cojones llamamos perra a la mala y perro al peor, con lo cojonudos que son (los de 4 patas). Lo extraño es que no estuviera en tu portal cuando bajaste, seguro que algún celo de paso le arrastró a algo peor. Esa es la conclusión que une a humanos y canes, que por un celo perdemos lo que tenemos.
Para la siguiente vez, que suba a tu ascensor, pues imagino tu cara de bobo con filete en mano al ver que se fue de perras pardas por ahi.

Danann dijo...

Es un lujo tener un can...su amor es incondicional, deberiamos aprender de ellos