Llovia sin cesar desde hacia una semana y dos dias atras habian llegado los vientos. Dos chiquillos huian despavoridos entre los arboles. La lluvia no habia cesado, pero al fin estaba amainando. La lluvia caia sobre la cara del pequeño empañandole los ojos. El niño se paso una mano por la cara. A su lado, aferrando su otra mano, estaba su hermano mayor. Apenas unos minutos antes del desenlace final, los pequeños tenian seis y diez años.
"Maldita sea" penso el menor. Las fuerzas le abandonaban. ¿Y ahora que? ¿como iba a decirle a su hermano que ya no podia mas? Otros podrian mostrarse comprensivos, pero su hermano no. El se pondria furioso. Como si le leyera el pensamiento, le grito:
-¡Vamos!¡Tienes que correr mas rapido!

Y corrio mas rapido. El corazon martilleandole en su garganta, el vello de la nuca erizado, los ojos ardiendo, las manos heladas y la seguridad de que, en cualquier momento, una sombra se moveria a su lado y entonces oiria a Eso, gruñendo profundamente. Oiria el gruñido en esos segundos demenciales antes de que la bestia se abalanzase sobre el y le despanzurrara las entrañas.
El pequeño seguia corriendo tan rapido como podia, cuando se dio cuenta de que llevaba los cordones de una de las zapatillas desatados y de que esos cordones serian su perdicion: la cosa les permitiria llegar casi hasta el pueblo y entonces una de sus garras le cogeria unos de los cordones y tiraria hacia atras y...
Su hermano le estiro con el brazo, haciendole esquivar un arbol que no habia visto al estar ensimismado con sus pies. La desgracia llego, cuando al verse movido por ese impulso, el pequeño tropezo con sus pies y cayo despatarrado con un grito de dolor por un terraplen.
-Mierda y mierda- escucho como chillava su hermano, en las alturas, mientras el rodaba hacia lo que le parecia un abismo.
Se le escapo un grito de dolor cuando un tronco freno su caida. Intento levantarse desesperadamente, pero un terrible pinchazo en el tobillo se lo impidio, y cayo de nuevo. Le basto un vistazo a la extraña curva que hacia el pie, para darse cuenta que tenia el tobillo roto, y se echo a sollozar, impotente.
El agua hacia un ruido hueco al caer entre las hojas. Ese sonido le dio escalofrios. Hacia pensar en...
-¡Eh!- exclamo su hermano, mientras descendia a su lado.- ¿Que ha pasado?
El pequeño le miro con los ojos humedos. Las lagrimas se fundian con la lluvia.
-Me he caido- sollozo, mientras se quitaba los mocos de la nariz con el dorso de la mano.
-Eres un inutil- le susurro cordialmente su hermano, acuclillandose al lado mientras observaba su pierna y se daba cuenta que poco podia hacer.
-No soy ningun inutil- le reprocho el pequeño, mientras sorbia sus propios mocos, que no dejaban de manar.
-Si lo eres- dijo el mayor- No eres otra cosa que un inutil de culo gordo, negro y asqueroso.
El pequeño trato de imaginar a un chico que solo fuese un culo con piernas y comenzo a reirse.
-Tienes un culo mas grande que un toro- dijo el mayor, tambien riendo por lo bajo.
-Tu culo es mas grande que un mamut- replico el pequeño, lo que les hizo desternillarse de risa durante unos segundos, olvidandose de todo lo demas.

Poco a poco, sus risas se fueron apagando, y la angustia volvio a reinar en sus cuerpos. El pequeño se recosto sobre el arbol.
-No puedo moverme- le susurro con un leve tono de disculpa.
-Lo se- respondio el mayor mientras se sentaba a su lado. Luego le miro con una sonrisa triste- De todas formas, aqui no nos vera. Seguro que pasa de largo.
Sobre sus cabezas, una torva rafaga de viento otoñal hizo silbar los arboles, casi completamente liberados de sus hojas a causa de la tormenta.
El pequeño empezo a pensar en lo que opinarian sus padres de todo aquello si algun dia se enteraban... ¡Que estupidez! No existian monstruos con garras peludas y llenos de furia asesina. De vez en cuando alguien se volvia loco y mataba a mucha gente, pero no existia ningun monstruo horripilante. No obstante, habian visto a la bestia, y era algo tan horripilante que la peor de las pesadillas que habia imaginado, parecia un dulce sueño en comparacion. Lo que vieron habria destruido la cordura de cualquier adulto de un zarpazo.
Los olores a humedad y hortalizas podridas se mezclaban con un olor inconfundible e ineludible, el del montruo. Era el olor del algo que el no sabia nombrar, el olor de algo agazapado al acecho y listo para saltar. Una criatura capaz de comer cualquier cosa, pero especialmente hambrienta de niños.

Mientras los minutos pasaban, sus cuerpos se iban empapando. El frio se empezaba a clavarse como un cuchillo cruel. El niño pequeño empezo a tiritar.
-Lo ssssssientooooo- susurro mientras sus dientes chocaban
-Tonto- dijo el mayor mientras pasaba un brazo sobre su hermano, y atraia su pequeño cuerpo. De pronto parecia cansado... cansado y no muy bien. Y entonces hizo algo que no habia hecho hacia mucho tiempo: beso a su hermano en la mejilla.
-Marrrriquitttta- le dijo el pequeño, algo mas animado, a la vez que se acurrucaba junto a su hermano.
El chiquillo estaba esperando a su extraña muerte. Y el sentimiento que le colmaba en ese momento era, simplemente amor, amor hacia su hermano.. amor y tambien cierta tristeza porque jamas podria demostrarselo. Pero sobre todo amor y admiracion. Porque a pesar de todo, sabia que al final la bestia le encontraria , y su hermano se habia quedado con el de todas formas. Y entonces dejo de tiritar. Habia dejado de tener miedo. Ya nada importaba. Pasara lo que pasara, su hermano siempre estaria a su lado. Para toda la eternidad.

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