miércoles, 7 de abril de 2010

Volviendo al asunto...


La habitación vacía me despierta cuando se va, como si todo el calor que traía ella se escapase por la ventana a su vez y me dejase en medio del frio, preguntándome que diablos voy a hacer.

Supongo que no puedo culpar a nadie aparte de a mi mismo. He esperado meses el momento perfecto para hablar con ella de mis sentimientos, y acabo haciéndolo cuando ella se siente más vulnerable. Cuando todo el mundo se le ha caído de las manos. Lo pude ver en sus ojos desde el principio… no estaba segura. Mierda. Yo tampoco estaba seguro, pero ese primer beso abrió una puerta que ninguno de los dos podría cerrar. Y por mi parte, no estaba seguro de que fuese lo correcto, pero no quería detenerlo. He estado enamorado de esta mujer durante demasiado tiempo, y ahora esta en mi brazos.

Mi única preocupación es hacia donde vamos. En lo referente a ella, nunca sabes lo que vendrá a continuación. De lo que estaba seguro es que no era decisión mía. Así que solo espero y observo. Vuelvo a la vida real, al trabajo. Empiezo a escribir de nuevo.

Me encierro en el trabajo e intento mantenerla fuera de la cabeza. Pero parece que la cabeza tiene otras ideas. Una hoja en blanco me devuelve la mirada vacía durante horas. Busco entre las botellas y me sirvo un whisky, esperando que el alcohol me muestre alguna solución.

El timbre me sorprende. Y de pronto estamos echados en la oscuridad, hambrientos, vivos, pero llenos de confusión. Me digo a mi mismo que este sentimiento se desvanecerá con el tiempo porque amo a esta mujer. Y el problema es que no se desvanece. Lo único que pasa es que la confusión crece.

Hemos desarrollado una especie de rutina. Ella aparece de noche, y desaparece cuando aun es oscuro, mientras yo duermo. Queda aun tanto por decir. ¿Qué hacemos? ¿Qué significa para ella? Y lo mas importante… ¿Por qué me da tanto miedo preguntarlo? De lo único que estoy seguro, es que la habitación se queda fría cuando ella se va.