domingo, 26 de octubre de 2008

Más alla de las nubes

Han pasado millones de años después de que el reloj diese su primera vuelta. Más allá de las nubes. Allí donde el cielo deja de ser azul para convertirse en negro. El cielo se convulsiona y se devora a si mismo. Una horda de hombres alados luchan entre ellos. Son todos tan parecidos que no se pueden diferenciar los bandos. Él esta en el centro del foco. La semilla de este hermoso desorden.

-Rendíos, Lucifer. Vuestra fuerza os abandona. Vuestros ejércitos han sido aplastados. No podréis vencer.-dijo el ángel de dorada armadura.
-Gabriel, puede que mi camino me lleve a un callejón sin salida, o hacia la luz.-Respondió el ángel desnudo. Tan solo sostenía una pesada espada en sus manos.- De un modo u otro es el camino que yo he elegido. Y he elegido la vida. Puesto que vosotros ya estáis muertos. Quien quiera que gane o pierda aquí.
-Nadie ganara aquí. Nosotros venceremos porque así debe ser.-Replico Gabriel, su voz se expandía más allá del espacio o del tiempo-. Es el orden de las cosas. Así al igual que creamos la tierra dura, el agua mojada y al hombre voluble.
-¿De todo lo que creamos? Nosotros no somos los creadores. Nosotros solo somos sus herramientas.
-Puede. O dicho de otro modo, los aspectos de si mismo a través de los que actúa. Al igual que este es el aspecto a través del cual habla.- dijo señalándose a si mismo.- Tu eres el aspecto a través del cual se critica. Y todo esto es el aspecto a través del cual se renueva.- Indico con un sencillo gesto todo su alrededor. Hombres con alas seguían cayendo. Sus gritos de dolor y furia retumbaban en el infinito.
-¡No!- rugió el ángel de la espada- Yo soy quien soy. No soy un miembro u órgano de nadie. ¡Me separo de vosotros porque así lo decido! Pero no podréis reclamarme como vuestra parte.
-¡Pero no puedes separarte de lo que eres! Eres el Dador de Luz. El Lucifer. Y así será siempre. No puedes huir de ti mismo. ¡Es inútil! Al igual que esta batalla.
-Tal vez sea así. Tal vez estemos condenados a perder aquí y yo a ser Lucifer eternamente. Y si es así, cargaremos con ello. Somos responsables de nuestros fallos. De las fallas de nuestro ser que se convierten en las fallas de nuestras vidas. Pero de una forma u otra, somos necesarios. Alguien se debe revelar ante el dictador. Alguien debe derrocarle. O al menos, debemos intentarlo.
-Si esa es tu elección, hermano, antes deberás pasar por encima de mi.
-Que así sea.
Los dos ángeles extienden sus alas. Levantan sus espadas. Y avanzan hacia su destino.

En algún lugar, un niño mira al cielo. Y ve caer una estrella.

martes, 21 de octubre de 2008

Nada cambia

-Me voy-dijo
-Podría haberte mentido- dije- como la mayoría lo hace.
-¿Quieres decir que los hombres me mienten?
-Si, para llegar a lo que crees que es puro.
-¿Quieres decir que no es puro?
-No lo se, pero no te voy a mentir para que funcione. ¿Preferirías que te mintiese?
-No

Segundos. Miradas. Silencio.

-Vere a la mierda- dijo
-Buenas noches- dije

Ella dio un portazo.
Me quede sentado, mirando la puerta.
Nada cambia.
Nunca.
Nada.

domingo, 19 de octubre de 2008

Interludio 5

-Me parece que el mundo se ha vuelto loco.
-No. Siempre es asi. Es solo que no sales lo suficiente.

jueves, 16 de octubre de 2008

El Club de la Lucha

Manten el dolor, no lo apartes de ti. Sin dolor ni sacrificio no tendríamos nada.Lo que experimentas solo es algo prematuro. Nuestros padres fueron modelos de Dios, y si nos abandonaros ¿que puedes pensar sobre Dios?. Escuchame bien, ante todo tienes que tener en cuenta la posibilidad de no caerle bien a Dios, el nunca quiso tenerte, con toda probabilidad el te odia, pero no es lo peor que pueda ocurrirte. No lo necesitamos. Que se jodan la maldicion y la redencion, somos hijos no deseados de Dios. Asi sea

miércoles, 15 de octubre de 2008

El Amante de las Flores

En las montañas de Valkeri, entre los pavorreales que se pavonean, encontre un flor tan grande como mi cabeza y cuando me estiré para olerla perdí el lóbulo de la oreja, parte de la nariz, un ojo y la mitad de la cajetilla de cigarrillos.
Regresé al día siguiente con la intencion de cortar aquella maldita cosa, pero la encontré tan hermosa que en cambio maté un pavorreal.



Charles Bukowsky

lunes, 13 de octubre de 2008

Historia de la mujer


Es un pequeño pueblo. Tiene algo en especial que atrae a la gente. Muchos de los hombres que acaban allí son hombres que huyen de algo. Duermen cuando casi todo el mundo esta despierto, trabajan cuando casi todo el mundo duerme, el resto del dia beben en bares y cobran en efectivo.

Ella llego ese mismo verano. Apareció con un viejo coche y una niña pequeña. Alquilo una casa en las afueras del pueblo y arranco el cartel de “Se necesita camarera” del bar.

El propietario le paga en efectivo. Pero podría pagarle en lingotes de oro si ella quisiera. Desde que apareció el negocio ha crecido un cincuenta por ciento. Y por extraño que parezca hay menos peleas. Por lo general, los hombres de ese bar suelen tener demasiados demonios, y eso les hace irritables, en busca de discusiones que acaben con nudillos. Pero hay algo en ella que los calma.

Y que los previene, también.

Esta en sus ojos, una mirada rápida, dura y fría cuando alguien se pasa de la raya, le toca la muñeca o cuenta un chiste verde sin gracia. Y también esta en su cara, en las arrugas prematuras, en la belleza que perdura, en la sensación de una vida anterior que ha conocido amaneceres más tristes y duros que la mayoría de esos hombres.

Ella lleva una pistola en el bolso. El propietario la vio una vez por casualidad y lo único que le sorprendió es que no le sorprendiera en absoluto. De alguna manera, ya lo sabía. De alguna manera, todo el mundo lo sabe. Nadie la aborda después del trabajo, nadie intenta convencerla para que entre en su coche. Nadie la sigue a casa.

Pero cuando sus ojos ya no tienen esa mirada y el pasado desaparece de su rostro, ella ilumina totalmente la habitación. Cuando se ríe, lo hace con carcajadas profundas y contagiosas, y todos intentan contarle nuevos chistes, más graciosos, para poder escucharla reír de nuevo.

Y también esta la hija. Apenas tiene un par de años. Algunos días, cuando la señora que le alquila el piso no la puede cuidar, la mujer se lleva a la pequeña al bar. Y allí no faltan personas que se ofrezcan a cuidarla. Porque la niña es pura calidez. Una boquilla con dientes de duendecillo sonríe a todo el que se le pone por delante.


Madre e hija se quieren. Basta con solo mirarlo para darse cuenta. A veces, cuando no hay mucho trabajo la madre juega con la hija, ambas se miran a los ojos y la madre la besa entre los ojos. En ese momento, los habituales del bar apartan la mirada. Se sienten intrusos presenciando un amor tan puro. Pequeños, feos, avergonzados. Indignos. El propietario sufre en esos momentos, porque sabe que nunca, nadie, lo ha amado así.

Hace una semana un coche oscuro apareció. Estaba fuera de lugar. Demasiado nuevo. Demasiado caro. Fue el tema de conversación de esa noche en el local. Ese día la mujer no fue a trabajar. Desde entonces nadie las ha vuelto a ver. Dejo un sobre con el dinero que debía del apartamento y se esfumo. Sin despedirse. Solo han pasado 7 días y el pueblo ya no es el mismo. Probablemente nunca vuelva a serlo.


domingo, 12 de octubre de 2008

Un dia gris y lluvioso

Es curioso, a veces algo te recuerda a una persona con la que perdiste el contacto hace mucho tiempo. Puede ser cualquier cosa lo que te hace recordad, un objeto, una persona, un gesto, un momento. Y después te pasas días pensando en esa misma persona y te preguntas muchas cosas, ¿Que habrá sido de ella? ¿Donde vivirá ahora? ¿Sera feliz?

Esto viene a cuento que ayer me acorde de ti, años después de que acabase todo. Fue por el día; un día gris, lluvioso, de esos en los que la gente normal se suele quedar en casa, mientras nosotros como gilipollas salíamos a mojarnos. Un día gris y lluvioso como el día que nos conocimos en la puerta del cine. Un día gris y lluvioso como el día que nos separamos en ese parque. Aquel día en que todo se fue a la mierda...

El caso es que recordándote, volví a verte tal y como eras entonces , especialmente en esas cosas que te hacían única. Esos dos ojos negros que podían leerte como si fueras un libro. Y tu pelo... eras una mujer besada por el fuego, un fuego que también llevabas dentro. Un fuego contagioso, que hacia arder todo aquello que tocaba. Ese fuego también me alcanzó a mi, aunque supongo que no lo suficientemente rápido ya que tu nunca llegaste a ver el cambio. Imagino que fue ese el precio que toco pagar. Porque, tarde o temprano, a todos nos toca pagar.

Realmente, después de que haya pasado el tiempo, entiendo que jamás llegué a comprenderte. Incluso después de haber compartido tanto, yo no te conocía. De haberlo sabido quizá las tornas hubieran cambiado, aunque no creo, pero al menos el final habría sido mas suave, para todos. Ahora es cuando me doy cuenta de que no se porque te fuiste,imagino que el accidente tenia mucho que ver, pero no lo era todo. Supongo que nunca lo llegaré a saber.

Mierda. No se porque vuelvo a pensar en ti. No debería hacerlo. Obsesionarse con el pasado tiene sus cosas buenas, pero son muy pocas. Ja. Quizá algún día leerás esto y te reirás, seria lo propio. Nunca estuve seguro de si me tomabas en serio. De todas formas, ya no importa.

Algún día, en algún lugar...

sábado, 11 de octubre de 2008

Interludio 4

Las promesas se hacen para romperse.
Los sentimientos son intenson.
Las palabras son banales.
El placer se recuerda, igual que el dolor.
Las palabras son insignificantes... y se olvidan.

Disfruta del silencio

miércoles, 8 de octubre de 2008

Un bar, una cerveza y una mujer

El chico se quedo un rato ante la gasolinera, contemplando las ventanas apagadas del quinto piso. Imagino que ella estaba todavía arriba, observándolo a oscuras, pero no pudo advertir el menor movimiento. Aun permaneció quieto un poco mas, vuelo hacia lo alto, seguro de que ella lo había visto todo, mientras reprimía el impulso de subir de nuevo y pedirle explicaciones. Flis, flas. Dos hostias con el dorso de la mano, ella contra el sofá. Puedo aclarártelo todo y además te amo. Luego lagrimas y un buen polvo. Perdona que te tomara por un imbecil, etcetera. Bla, bla, bla.

Parpadeo volviendo en si, en mitad de un suspiro que fue casi una queja. Sin duda hay unas reglas para todo esto, aventuraba. Reglas que yo no conozco y ella si. O tal vez reglas que ella misma establece. Y tal vez incluyan que el momento de seguir adelante o largarse sea este.
Estaba tan confuso que echo a andar hacia la glorieta mas cercana y después subió despacio por la calle, y en el primer bar abierto que se le puso a tiro estuvo quieto en la barra mirando la bebida que había pedido, sin tocarla. El bar era una vieja tasca con un televisor encendido y fotos del Levante en la pared. No había nadie mas que el camarero, un hombre flaco tatuado en el dorso de la mano, a quien la camisa de lamparones daba un aspecto infame mientras barría con aire despectivo el serrín del suelo, lleno de servilletas arrugadas y cáscaras de gambas. El chico tenia delante un espejo de publicidad de San Miguel, y su cara se reflejaba entre la lista de tapas y raciones escritas encima con letras blancas. Veía sus ojos exactamente entre las palabras magro con tomate y pulpo a la vinagreta, lo que tampoco era para levantarle el animo a nadie. Lo estudiaban con desconfianza, interrogándolo sobre los pasos que pensaba dar en las próximas horas.

-Quiero acostarme con ella- le dijo al camarero
-Todos queremos eso- respondió el otro, filosófico, sin dejar de barrer.

El chico asintió y por fin se levo el vaso a los labios. Bebió un poco, volvió a mirarse al espejo e hizo una mueca.

-El problema es que no juega limpio
-Nunca lo hacen
-Pero es guapísima. La muy perra.
-Todas los son.

El camarero había dejado la escoba en un rincón, y de vuelta tras la barra se servia una cerveza. El chico lo vio beber despacio, medio vaso sin respirar y luego se puso a contemplar las fotos del Levante, hasta terminar en el cartel de una corrida de toros. Se desabrocho la chaqueta y metió las manos en los bolsillos del pantalón. Extrajo unas monedas, alineándolas sobre el mostrador y jugo a conducir una entre dos sin mover una ni tocar la otra.

-Estoy metiéndome en un lió.

Esta vez el camarero no respondió en seguida. Observaba la espuma de la cerveza en el borde de su vaso.

-Igual ella vale la pena- dijo al cabo de un instante
-Todavía no lo se- respondió- Hay drogas de por medio, y me parece que hasta hay malos, como en las películas.

El otro lo miro por primera vez. Parecía levemente interesado.

-¿Peligrosos?
- No tengo ni puta idea

Estuvieron callados mas rato. Siguió jugando y bebió un par de sorbos mientras el camarero terminaba su caña. Después saco un paquete de cigarrillos y se puso a fumar sin ofrecerle al chico.

-Me parece- dijo el chico- que voy a seguir con esto.

El camarero asintió despacio y no dijo nada. Entonces el chico dejo dos monedas en el mostrador, guardo el resto y salio a la calle