jueves, 28 de agosto de 2008

Una Historia Africana

En cierta ocasión un pequeño grupo de hormigas que estaba fuera del hormiguero buscando comida se encontró con un escarabajo pelotero que se afanaba empujando una bola grande de estiércol por una cuesta arriba. Era época de sequía y las hormigas tenían hambre. Un de ellas se acerco educadamente al escarabajo pelotero y le pregunto si podían ayudarlo a cambio de que compartiera con ellas algo de aquel estiércol delicioso.El escarabajo acepto la oferta enseguida y dejo la pelota de estiércol a las hormigas que, cantando felizmente, la empujaron hasta la cima.“Hemos terminado la tarea y el sol esta bajo en el cielo, dinos donde podemos conseguir algo de estiércol para volver con el a nuestras casas antes de que oscurezca”- dijeron las hormigas.El escarabajo les contesto moviendo la cabeza tristemente “El estiércol esta muy lejos, en un sitio al que no podréis llegar antes de que se haga de noche. Tomad, coged este poquito que os calmara el hambre. Mañana, venid a este mismo ligar antes de que salga el sol y os indicare el camino.
No era mucho, pero suficiente para alimentar a las hormigas durante una noche. "Que escarabajo bondadoso" decían las hormigas.

Al día siguiente las hormigas, se despertaron temprano y acudieron al mismo lugar. Esperaron y esperaron, y salio el sol. Ya casi habían desistido cuando lo vieron acercarse, empujando una gran bola de estiércol.
“Donde has estado” Le preguntaron
El escarabajo dejo de empujar, y las miro furioso. “Sois perezosas. Vine a este lugar temprano y no estabais. Menos mal que soy paciente y estoy dispuesto a daros una segunda oportunidad. Si empujáis esta bola de estiércol hasta la cima de nuevo, os perdonare.
Entonces las hormigas se disculparon y organizándose en grupos empujaron la bola hasta la cima. Como recompensa, recibieron la misma cantidad de estiércol que la vez anterior, suficiente solo para una noche. El escarabajo les prometió, que sino eran perezosas, les indicaría el camino al día siguiente.
El escarabajo era muy listo, y por muy pronto que se levantasen las hormigas, nunca lo encontraban a tiempo. Así que se veían obligadas a empujar la bola de estiércol a cambio de recibir comida para que sus familias pudieran sobrevivir.

Pronto las hormigas se olvidaron de lo que tenían que hacer para conseguir el alimento por su cuenta y ya no tenían mas medio de alimentar a sus familias que empujar la bola de estiércol ladera arriba y recibir una pequeña porción cada noche.
Paso el tiempo, y ni siquiera ponían en duda la autoridad del escarabajo. El era el propietario del estiércol y las hormigas aceptaban trabajar para el y que les pagase si quería o hiciera pasar hambre a sus familias o impusiera leyes que decían adonde podían ir incluso donde podían vivir. Las viejas leyes y costumbres de las hormigas quedaron abolidas y las hormigas se vieron obligadas a vivir según las leyes del escarabajo.
Las hormigas eran desgraciadas, pero el escarabajo era fuerte y ellas débiles. Además, dependían por completo del escarabajo para sobrevivir.

Como todas las buenas historias, esta tiene un héroe. Un día nació una joven hormiga en la tribu. Fue diferente desde el principio.
“¿Porque no buscar nuestro propio estiércol? ¿Por qué tenemos que trabajar para el escarabajo pelotero? Las hormigas estaban aquí primero, ¿Por qué el escarabajo es el dueño de todo el estiércol?-“preguntaba la joven hormiga.
“Chss- le advertían las hormigas ancianas- El escarabajo te oirá y te llevara a la cárcel”
Pero la joven hormiga era valiente, lista y resulta. Y pronto todas las hormigas jóvenes se agruparon en torno a ella y elaboraron un plan.
Y ocurrió que un día apareció el escarabajo donde las hormigas debían de empujar la bola de estiércol y allí no vio a ninguna. El escarabajo gritó, amenazó y pateó, pero nada de lo que hizo sirvió. Las hormigas habían desaparecido.

Y claro, el escarabajo tenia un problema. Si dejaba allí el estiércol, las hormigas podrían robárselo por la noche. Así que empezó a empujar la bola ladera arriba. Pero no estaba acostumbrado a trabajar duro balo el sol abrasador. Y aquella bola era muy pesada. Conseguía subirla un trecho, pero luego las fuerzas le fallaban y la bola rodaba ladera abajo.
Pero el escarabajo era obstinado. Cuando recupero todas sus fuerzas al atardecer, comenzó a empujar. Las jóvenes hormigas observaban como el escarabajo estaba casi en la cima.
“Ahora”grito la joven hormiga” y todas empujaron el estiércol que empezó a descender por la ladera. El escarabajo estaba agotado, pero resistía con fiereza. Era terco y egoísta y no creía que las hormigas fuesen capaces de superarlo.
“Si compartes el estiércol con nosotras a partes iguales, dejaremos de empujar y te ayudaremos a subirla”- grito la joven hormiga
Pero el escarabajo estaba tan acostumbrado a ser el jefe, y a poseer todo el estiércol que no quería compartirlo.
“¡No!” grito desafiante
De modo que las hormigas empujaron mas hasta que la bola comenzó a rodar ladera abajo. El escarabajo, que no quería perderla, continuo aferrado a ella, hasta que por fin juntos rodaron ladera abajo. El escarabajo se rompió el caparazón y se lleno el cuerpo de heridas. Aun así, siguió sin soltarla, y cuando llego a la base de la colina, fue a estrellarse contra una roca enorme. El escarabajo quedó enterrado en una montaña de estiércol, pero como estaba demasiado débil herido para salir de el, murió ahogado en mierda.

jueves, 21 de agosto de 2008

El sueño

El cielo empezaba a despejarse. Se veian estrellas y una enorme luna llena, y las nubes corrian a su lado. Despues apareció el hombre. Era alto y flaco, de tal manera que el traje negro que llevaba le colgaba como de una percha, y despues llegaron los que llevaban el féretro. Contemplaba un cortejo funebre. Eso es lo que era.

Una musica, un lamento grave, les acompañaba. Paso a paso. Caminaban delante de mi, marchando como fantasmas, lentos como el tiempo. Me descubri pensando en mi mejor amigo. Murio hace unos años, despues de un accidente. No fue una buena epoca. Recuerdo que cuando llegue al funeral, me sentí... decepcionado. Todo era demasiado vacio. Flores de plastico, gente desconocida y la "Capilla del Reposo". Un acto sin sentido. Una sombra de algo real. Las palabras pronunciadas sobre él sonaban huecas, y no logré llorar, no entonces.

Allí, supe que veía algo auténtico. Habia dolor verdadero en cada paso que tomaban en ese vacio, y cargaban con el ataúd como si cargaran con el peso del mundo. Mientras caminaban sentí algo cálido y húmedo en mis mejillas. Mis ojos ardían. No sé porqué lloraba y me odié por ello, pero no podia apartar la mirada. Una procesion de siluetas borrosas les seguía. No sé quienes eran. No sé quien habia muerto, por quien lloraban, de quien era el ataud. Pero no importaba. Estaban allí.

Al final de la procesión, un poco rezagadas, estaban dos chicas. Una vacilaba mucho, daba unos pasos y se detenía, como si se hubiese olvidado que hacia y donde estaba. Luego daba unos pasos más.

La otra chica... la del final... creo que me enamoré un poco...que tonteria. Pero me pareció conocerla. Como si fuera mi mejor amiga. Esa persona a la que puedes contarle todo, por malo que sea, y no dejara de quererte, porque te conoce. Queria ir con ella. Queria que me viera. Y entonces dejó de andar. Bajo la luna se detuvo y me miró. Me miró a mí. Quizás intentaba decirme algo, no lo se. Seguramente, ni sabia que yo estaba allí. Se quedó quita un rato, esperando algo, pero yo no supe reaccionar. Tuve miedo. Entonces se dió la vuelta y se reunió con el resto de sombras. Y desaparecieron en la oscuridad de la noche. Fué en ese momento cuando comprendí que habia dejado pasar mi oportunidad de estar con ella. De alcanzarla. Pero ya no importa. La amaré siempre. Toda mi vida.


Y entonces desperté.

lunes, 18 de agosto de 2008

Interludio 1

Estabamos rodeados de gente, pero en cuanto me sente delante de ella, todo el mundo desapareció. Solo quedabamos nosotros. Los demás no importaban. Levantó la cabeza y me miró sin decir nada. Le dolio recordar, lo vi en sus ojos, y en mi mente entendí que nunca podría olvidar.

jueves, 7 de agosto de 2008

El Cuadro

-Ese me gusta bastante- dijo el joven- ¿Que representa?
-Creo que es el Día del Juicio Final- le respondío el hombre
-Ya- el joven continuo observando el cuadro- ¿Y eso que es?
-Pues es...no se...el ultimo día en la Tierra. Ya sabes. Cuando la humanidad sea juzgada por todos los crimenes que ha cometido y esas cosas.
-Ahm. ¿Y entonces se sabrá quien va al cielo y quien al infierno, no?
-Exacto
-¿Y como se le llama al otro sitio?
-El Purgatorio
-Ese, el Purgatorio. Es un poco lo que esta en medio, ¿no? No has sido malo del todo pero tampoco has sido demasiado bueno. Como el Betis, te quedas en medio de la tabla.- el joven se giro hacia el hombre- ¿Tu crees en todo eso?
-¿En el Betis?
-En el Juicio Final y en el mas allá. En la culpa y en los pecados, en el infierno y en todo eso.
El hombre se volvió hacia él. Sus ojos azules se posaron brevemente sobre el joven antes del volverse hacia el cuadro.
-No lo se. No se en lo que creo. Las cosas que te enseñan de niño nunca te abandonan del todo- Metió la mano en el bolsilo de la chaqueta y saco un cigarrillo. Una vez llevado a la boca, continuó.- Siempre he intentado comportarme en la vida. Si veo a una anciana cargada con la compra...bueno, no le llevo las bolsas de la compra. No voy tan lejos. Pero si que le abriría las puertas y la dejaría pasar.
-Además, aunque quiséras ayudarle con la compra, ella pensaria que lo que querias era robarle
-Exacto.-asintio el hombre
-Asi es el mundo en el que vivimos.
-Si, pero aunque intente ir por el buen camino, he de asumir el hecho de que no todo es tan simple. Durante toda mi vida he hecho cosas, han sido muchas y la mayoria no eran lo que se dicen buenas.- dijo el hombre, y despues guardo silencio.
El joven volvio a apartar la vista del cuadro y miro fijamente al hombre a la cara, interrogante. El hombre, con voz queda, continuó.
-Hace mucho tiempo. En otro lugar. Maté a un hombre. - le dio una bocanada a cigarrillo.- No era mi intencion, sé que no queria matarlo. Pero tuve la culpa de aquello. Y si en ese momento y en ese lugar, yo no hubiese estado alli, quiza aquel hombre aun estaria vivo, y eso es algo que no puedo cambiar. Yo soy el culpable. Esta muerto por mi culpa. Intento aceptarlo pero no puedo. Siempre sere aquel que le arrebato la vida. Y eso nunca podre olvidarlo,... a no ser que yo también desaparezca.
-Eso ni se te ocurra.
Y padre e hijo continuaron alli, parados, observando el cuadro.